1. Cuándo se te dio por la música? 

La Música me dio todo, no se me dio a mí por Ella. En todo caso, cuando muy niño, en mi familia y sobre todo con el Vasco, mi viejo; quien atesoraba una guitarra Antigua Casa Nuñez -hoy restaurada y acompañando en cada ocasión familiar- como uno de sus tesoros más preciados. Y mucha razón tuvo. Fue él quién inculcó el amor a la guitarra a mis hermanos, y gracias a ello, yo me crié entre peñas y guitarreadas. Junto a grandes músicos como Julio Urruty -quien era dueño del Instituto Folclórico Argentino donde mis hermanos acudían cada semana a tomar clases de instrumento y ensambles enormes con los que hemos viajado y compartido muchas hermosas experiencia, yo siempre como el pequeño colado-, como Roque Martínez, y junto al recordado Argentino Luna. Era una hermosa familia, donde la Música y la guitarra movían todo. Cada semana íbamos con el Vasco cantando en el auto a los gritos pelados todas las zambas, chacareras, gatos, huaynos, vidalas que nos acordábamos de memoria. Eran nuestros conciertos privados, jaja. Mientras, mis hermanos tomaban clases, leían partituras, y se compraban libros de guitarra para continuar guiados por Julio Urruty cada semana, o dos veces por semana, no recuerdo bien. Pero si recuerdo que esa sola guitarra la usaba Tom, mi hermano más grande. Y que supongo que al principio se la prestaban con Sergio, mi hermano del medio. Hasta que con los años Sergio tendría la suya propia. Soy el hijo menor, y mis hermanos me han abierto caminos por lo que siempre les estoy agradecido. Un buen día, tendría yo tres años quizá, o cuatro; tuve uno de los mejores regalos de mi vida: Mi abuela, la Chu, mi segunda madre y quizá mi primera amiga; me regaló un bombo, pequeño él, al igual que yo. No sabrás imaginarte cuánto he andado persiguiendo a cada guitarrísta para poder tocar juntos una zamba o una chacarera por entonces. Recuerdo pasar tardes sentado en el living de mi casa, en silencio, esperando que mi hermano Sergio terminase de estudiar sus ejercicios diarios para poder así tocar algo juntos. Eso siguió así hasta mi adultez. Con Sergio hemos tenido mucha vida musical juntos, y quizá, aun sigue algo de eso encendido, quizá alguna vez nos encuentre Europa con mis hermanos junto a la Música. Veremos… Lo que sí, es que no solo el folclore fue mi Música, sino que gracias al Vasco también Julio Sosa estaba metido en casa, siempre fuerte y un poco enojado. Y dentro de los folclorístas estaban Mercedes Sosa, todos los discos del Pampa Larralde, y algunos cassettes de Los Chalchaleros, donde sin aun conocerlo, escuché al gran Dino Saluzzi, por primera vez. Así me crié, y así se ofreció la Música conmigo. Fuí un afortunado. No conocí el rock sino hasta mi adolescencia casi, y sin dudas, en cuanto a lenguaje musical se refiere, previo a esta edad tuve grandes maestros melódicos, armónicos y rítmicos. Y ahí aprendí quizá una de las cosas que ahora repito como loro en la escuela de música donde trabajo en Alemania: “la música es para compartirla, no para mostrar”. 


2. Cómo llegaste al bandoneón y a la batería? Instrumentos de características diferentes…
Lo primero fue la batería. Como te conté, soy percusionísta desde que puedo respirar casi. El  mundo fue percusión para mí desde el principio. Y a los 14 años, y siguiendo siempre a mis hermanos, comencé a tocar la batería, simplemente porque las guitarras ya no eran criollas o clásicas, sino eléctricas. Y así, otra música apareció en mi vida y me mostró otras sensaciones. Recuerdo con cariño los cassettes de Pink Floyd y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Cada tanto me gusta encontrarme con esa música, porque allí también hay recuerdos y fuertes mensajes compartidos. Con mis hermanos armamos un grupo, de amigos / hermanos, llamado La Brocha. Hemos tocado en cada recinto de Quilmes y alrededores. Fue una escuela enorme para mí. Porque ahora, en Europa o donde sea que toque, nada puede ser peor que esos lugares… jajaja. No, en serio; he aprendido mucho de esa época. La autogestión por ejemplo, que es la única manera que conocí para que la Propuesta Artística siga siendo auténtica y representativa. Soy medio serio en esto, quiero decir, no puedo tocar Música que no me represente en algún aspecto. Y en ese sentido, ya no puedo tocar Rock por ejemplo. Quizá sea porque en mi niñez otra fue la Música que me marcó, para siempre. Por eso creo que hay que tener cuidados extremos en la niñez con la Música que se escucha. Y lejos estoy de batallar en contra del Rock u otros géneros; pero hay espacios muy profundos en la Música, que se abren y dejan huellas para toda la vida. Y mucha información, muchas maneras de sentir. Es algo realmente sutil. Por ejemplo, el Folclore tiene una rítmica maravillosa. Todo el tiempo es binario y ternario. Conviven, se juntan, se respetan y necesitan; para contar así historias maravillosas y muchas veces dolorosas del vivir de las personas trabajadoras del campo. Como mis abuelos, peones pobres y un poco rebeldes que se cansaron de la angustia y el maltrato, y se vinieron a la ciudad. Eso está en la zamba, y viaja donde quiera que suenen nuestras melodías. Y el bandoneón llegó mucho después. Ya adulto. Tenía 28 años. 
Había aprobado el primer año de violoncello en el conservatorio, pero nunca pude comprarlo y estudiaba solo una hora antes de la clase, porque no prestaban los instrumentos. Así que un día decidí dejarlo, y dije que ahorraría y compraría un bandoneón. Necesitaba un instrumento que cante, eso es difícil a veces para los percusionístas; falta algo. Y bueno, laburé tocando y organizando conciertos de Jazz durante varios años; hasta que pude juntar 1500 pesos en esa época. Y se alinearon los planetas para que al año, la inflación no me hubiese llevado todo el dinero; y tuviese una prima viviendo en Santa Elena, Entre Ríos; que me avisó que allá había un «fueye» maltrecho pero que era un doble A. Así que allá me fuI, con la suerte de visitar a un amigo músico de Paraná, Carlos Aguirre; y conocer a través de él a lindas personas. Me fui, y volví con un bandoneón para reparar… ahí empezó, y mi vida cambió para siempre. 

3. Dónde estudiaste? 
Estudié en la Universidad de Quilmes, durante 6 años, y estudié en el Instituto de Música de Avellaneda también durante 6 años, siempre Música y en paralelo. Hasta que un día, al terminar en Avellaneda y aun quedando pendientes materias para licenciarme enla Universidad; le escribí cartas a los directivos contándoles que iba a dejar de asistir, que les agradecía por todos esos años, y que ahora mi vida estaba dedicada de lleno al Jazz. Continuando con clases privadas, con enormes maestros músicos como Pipi Piazzolla, Pedro Cervera, Guillermo Romero, Nestor Marconi, Dino Saluzzi, Norberto Minichilo y muchos otros, pero sobre todo miles de horas de estudio, de ensayo, de charlas, y de conciertos. Ese fue mi mejor lugar para aprender, y donde aun continúo haciéndolo cada día. 

4. En tu mundo musical, cuáles son tus referentes y las influencias que marcaron tu estilo? 
Mi mundo musical parece un poco un cambalache, pero sin embargo, encuentro que mi camino siempre fue y va por el lado de la música de cámara. Jazz, Tango, Folclore, Cuartetos de cuerda, Música Barroca Francesa; son palabras y estilos que en cuanto a su conformación pueden denominarse música de cámara, o sea, pocas personas compartiendo un espacio tiempo y un objetivo en común. Interactuando, escuchándose. Como cuando uno se encuentra con Amigos, o con cualquier persona que tenga algo para contar y compartir, sin importar cómo lo diga o cual sea su vocabulario e intelectualidad. En ese sentido intentaré nombrarte algunos Apellidos que referencien y abran quizá para alguien más, las enormes puertas emocionales que en mi han abierto: Dino Saluzzi, Bach, Astor Piazzolla, Beethoven, Monteclair, Cuchi Leguizamón, Miles Davis, Raul Carnota, Bill Evans, Carlos Gardel, Thelonious Monk, Nestor Marconi, Ella Fitzgerald, Anibal Troilo, Sarah Vaughan, Osvaldo Pugliese, Händel, Julián Plaza, John Coltrane, Jordi Savall, Mahler, el Chango Nieto -quien era mi ídolo de chico porque cantaba y tocaba el bomboy sin dudas, muchos otros amigos Músicos como toda la familia Saluzzi, Mono Hurtado, Daniel González Gossner, Quique Sinesi, Pablo Ledesma, Juan Quintero y Luna Monti, el Negro Aguirre, y tant@s Herman@s de la Música que no podría nombrarlos a tod@s y sin embargo viajan y viven en ese espacio que con su honestidad han abierto en mí y que marca mi rumbo. 

5. Definime el Bandoneón. 
Es una caja mágica. Donde no existe el espacio ni el tiempo -si es que existen-, y que te lleva inmediatamente a lo trascendental, al momento maravilloso de estar justo donde la Música sucede. Donde viven cada una de las personas que quiero, estén o no en este mundo, y nos abraza como nosotros no podríamos hacerlo. El Bandoneón no es sencillo de maniobrar y te enseña que todos los días hay que ir tras nuestros sueños, y practicar mucho para que suceda la dicha que es maravillosa e indescriptible; y es complejo. Pero que no hay que asustarse mucho. Que hay que ir lento, sereno y con honestidad. Astor decía que para tocar el «fueye» hay que estar loco. No tiene lógica. Es el único invento alemán sin lógica, por eso los argentinos lo amamos y nos llevamos tan bien. 
El Bandoneón tiene el sonido del paso del tiempo, junto al del presente y el del futuro. 
Es un instrumento antiguo, hecho donde ahora resido, en una Alemania campesina y pueblerina; muy distinta de lo que ahora es. Y allí su fabricación se vio interrumpida por la estupidez de la guerra. Me encanta pensar cuántas manos han dado lo mejor de sí en el instrumento que ahora toco. Y que me toca a mí dar lo mejor, para que cuando no esté en este mundo, alguien más sienta eso que yo siento, y que la Música nos regala. La libertad está allí, y suena. Quizá también los sueños suenan allí. Sin dudas, el Bandoneón tiene en su sonido el grito desgarrador contra las injusticias; junto a la mano cálida del ser amado, la soledad del errante esperanzado. Y parte de la luz de la Luna.

6. Qué dejaste en Quilmes al partir a Europa?
Ufff, es un poco difícil hablar de esto sin emocionarse. 
(Saber que mientras yo escribo estas líneas, la mayoría de las personas que más quiero están a doce mil kilómetros de distancia viviendo su día a día; no es algo que se salga  con una lavada.)
Dejé todo aquello que conocía y casi todo lo que amaba y amo. 
Por suerte, en mi viajan muchas de esas cosas, y como te dije antes, a veces el tiempo y la distancia no existen. El amor viaja, y así muchas de esas personas, sensaciones y vivencias.
También dejé una excusa que me separaba del riesgo. Porque es sabido que los políticos no ayudan al desarrollo personal en la mayoría de los casos. Y nuestro país, hermoso y único, está maltratado desde siempre por la corrupción, el vaciamiento, y tantas cuestiones lamentablemente bien conocidas. Pero como te digo, también todo ello me servía de excusa para no atreverme a salir de allí. 
Porque hay que estar preparado para salir, hay que hablar idiomas, hay que juntarse unos mangos para el pasaje, tener el fueye afinado, mandar mil mails para armarte unos conciertos que te ayuden a sobrevivir, y muchas cosas que al final; no era cuestión de los políticos. Sino mía. 
Y bueno, dejé la excusa, y ahora  estoy volviendo cada vez que puedo, y como sucederá el 17 de Agosto en el Teatro de Quilmes, sigo compartiendo Música con músicos maravillosos en mi país. Encontrando a mi familia y amigos, y viviendo eso que en Europa no se consigue. Yo soy de acá. Solo que ahora estoy allá. Y mi lujo allá, es juntar para el pasaje, ver el calendario, y venirme todo lo que pueda… 

PD: La charla continuará….. pronto.

Gracias enormes por este anticipo Facundo!! RD

https://www.youtube.com/watch?v=lIBJhLXNP58

BARREYRA – MARCELLINI

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