Los Gatos

Aunque no son los que encabezan generalmente una banda, tienen carácter de imprescindible. Es que el sonido base, que genera un bajo, es inigualable. Cuando a fines de los sesenta, comenzaban a sonar los primeros grupos de rock en Argentina, algunos se destacaban del resto. Así, en cada uno de ellos, surgía un bajista con estilo diferente.

En Los Gatos, era Alfredo Toth, quien se mantuvo en varios discos, acompañando con simpleza la etapa de mayor crecimiento del conjunto. Dejando en sus cinco LP, una marcada evolución entre la simple canción, hasta un rock más sostenido.

Por su parte, Willy Quiroga en Vox Dei, supo destacarse por su ritmo y su personalidad a la hora de cantar. La complementación musical con sus compañeros en cada presentación, hacía enriquecer a cada uno de ellos. Luego de una decena de álbumes, entre los que se destacó La Biblia (1971), supieron ganar un lugar entre los mejores.

Con aire marginal, y una actitud desenfadada, Manal generaba un movimiento de importancia dentro del panorama local. Y Alejandro Medina, era quien apostaba al sonido más pesado y a una voz ronca que se ajustaba a la propuesta.

Manal

Los trabajos “Manal” (1970) y “El león” (1971), son todo un ejemplo.

Tal vez, uno de los bajistas que más experimentó desde sus comienzos, haya sido Emilio Del Guercio. Primero junto al “flaco” Spinetta en Almendra. Tuvo la frescura y la justeza para acompañar un desarrollo superlativo de un grupo de vanguardia. En el “69 y el 70”, el grupo ofreció dos grabaciones que dejaron huella en lo que vino luego. Del Guercio, prosiguió después con Aquelarre. Otro de los que mantiene aún, la vigencia de los grandes creadores. Por entonces su voz pasó a ser la que comandaba el grupo. Aquelarre, Candiles, Brumas y Siesta, fueron entre el “72 y el 75”, cuatro demostraciones de jerarquía compositiva.

Por su parte, David Lebón, supo ser bajista de Pescado Rabioso. Comandado por Luis Alberto Spinetta, hicieron crecer un rock de sonido áspero, con letras llenas de imágenes y de surrealismo. Cuando se disolvió Almendra, Edelmiro Molinari, en guitarra y voz, formó Color Humano. Su bajista comenzó a destacarse rápidamente. Rinaldo Rafanelli, supo darle fuerza a cada interpretación. Participó en los tres discos (1972-73) dejando su propio estilo.

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Un poco más adelante, se crea Invisible. Junto a Spinetta en guitarra, dos ex Pappos Blues, Pomo en batería, y Carlos “Machi” Rufino en bajo, conforman un trío innovador. Con generosa creatividad, establecen uno de los puntos más altos dentro de la escena rockera nacional. Justamente, Machi fue quien le daba una base muy sólida y expresiva a cada uno de los temas. Con “Invisible”, “Durazno Sangrando” y “El jardín de los presentes” se coronaba entre el 74 y el 76, un momento de jerarquía local, difícil de superar. Es que por esos años, cada una de éstas bandas ofrecía lo mejor de sí. Y en todas ellas, el bajo se transformó en un instrumento ya no solo de acompañamiento. Tomó su lugar, y le agregó su propio sentimiento.

Ricardo Debeljuh

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