LITTO NEBBIA, el ARTE DESDE el CORAZON

Se dice que la música es el lenguaje artístico cuyo medio de expresión son los sonidos. Y es músico, quien sabe el arte de la música. Dicho esto, cabe mencionar que como en todos los órdenes, hay buenos y malos ejemplares. Una de las cualidades que tuvo la época en que se gestó el rock nacional, fue la de estar convencidos que un cambio de expresión debía imponerse. Comenzaba a cantarse en castellano, y a definir una personalidad en sonidos y letras de manera sólida. Uno de los que sobresalió en ese contexto fue Félix Nebbia. Conocido como Litto, llegaba desde su Rosario natal para conformar Los Gatos Salvajes (The Wild Cats se llamaron al principio). Fue quien cantó y le dio creatividad al grupo. Dejaron un LP grabado en 1965 y dos simples. Luego tres integrantes volvían a Rosario, quedando Litto y Ciro Fogliatta (teclados) para generar una banda que haría historia: Los Gatos. Junto a Oscar Moro (batería), Kay Galiffi (guitarra) y Alfredo Toth (bajo), lograron una serie de temas que se transformaron en éxitos rápidamente. Tuvieron todo para ganar un lugar de privilegio. Y de fama. Fueron el resumen y el ejemplo del grupo ganador. El carisma de Litto estuvo acompañado por la calidad interpretativa y por la creatividad. Es que si bien la suerte o el azar son elementos importantes a veces, la inspiración y las ganas de crecer son elementales a la hora del balance. Y eso Litto lo supo desde siempre. Es que así como surgen los héroes, también aparecen los ídolos y amigos de toda la vida. El fue líder de su destino. Caminó junto a la fama de Los Gatos. Intervino en cientos de shows. Decenas de discos. Hasta en el cine en “El extraño del pelo largo” y en “Hasta que se ponga el Sol”. Para luego iniciar una carrera impecable. Cuando armó Litto Nebbia Trío, junto a Astarita en batería y González en contrabajo, la música y la poesía se unieron. Y lucieron hasta más no poder. Era allá por el 73. Generó lo que creó, sinceramente, uno de los momentos culminantes en su repertorio más que amplio. Cuando veía sus presentaciones era presenciar la justeza y la sensibilidad del alma del músico. Como muestras “Muerte en la Catedral” y “Melopea” son dos piezas antológicas. En verdad, cuesta creer que músicos de la talla de Baraj, Roque Narvaja, Moro, Mirtha Defilpo o Alchourrón hayan participado en álbumes tan logrados. Pero, al fin, por esos tiempos podía esperarse tal comunión. El espíritu del músico estaba comprometido con un sentir filosófico real. Había menos palabras y más hechos. Quien buscaba encontraba. Las cosas tenían un sentido. Y Litto fue uno de los que intentó denodadamente mostrar una actitud positiva. Tomó las armas más nobles y fructíferas. Las del arte y los ideales de corazón.

Ricardo Debeljuh

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