En julio de 2014 en el programa Retratos en la Ciudad que conducían Cristina Oller y Ricardo Debeljuh entrevistaron a Daniel Alberto Karinkanta, un luthier de estirpe.
La palabra francesa lutherie, usada en una gran variedad de idiomas, hace referencia al arte de construir instrumentos de cuerda. El nombre luthier se relaciona con los primeros luthiers, y proviene de la palabra francesa luth, a su vez procedente del árabe al-`ūd de aquí laúd.. Genéricamente al-`ūd significa “la madera”; la variante alemana de luthier es Luther, palabra que se ha transformado también en apellido y en nombre como Martín Lutero. En parte del mundo del habla hispana se traduce el término como “laudero” o “lutero”, que proviene de la palabra laúd o el término tradicional “violero”, que tiene el mismo significado que luthier de constructor de instrumentos de cuerda; sin embargo, luthier, “laudero” o “lutero”, ampliaron su significado a quien construye cualquier tipo de instrumento musical, ya sean idiófonos, membranófonos, cordófonos o aerófonos.
No obstante, el galicismo luthier ha sido adaptado en castellano y se encuentra en el avance de la 23ª edición del diccionario de la Real Academia Española.

KARINKANTA

DANIEL ALBERTO KARINKANTA

CRISTINA OLLER.- En este quincuagésimo programa nuestro invitado es Daniel Alberto Karinkanta.
RICARDO DEBELJUH.- Y estoy seguro que este programa saldrá un violinazo. Te agradecemos que estés esta noche con nosotros para contar Tus vivencias como luthier, y de primera.
DANIEL ALBERTO KARIKANTA.- Gracias por todo esto y felicitaciones por el aniversario. Sí soy un artesano. Tengo la suerte de hacer y arreglar instrumentos de los más grandes como Stradivarius, Guarneri que me permitió conocer mucha gente que venía del exterior. Tuve la fortuna de tener en mis manos los violines originales porque a veces viene gente que dice tengo un Stradivaruius que era de mi abuela, pero luego me doy cuenta que no son. Son copias que se hicieron en Alemania en aproximadamente 1900, con la etiqueta y detalles de marca, pero no son originales. Son copias para estudio. Aquí en la Argentina nadie tiene uno de esos instrumentos. Ni en el Teatro Colón ni en el Argentino de La Plata. Los hay muy buenos, pero no de esa categoría.
R.D.- ¿Cómo comenzaste con esto de construir instrumentos?
C.O.- ¿Ya viene de familia?
D.A.K.- Sí. En realidad, no directamente de mi abuelo que fue el
primero que en la Argentina se puso a fabricar instrumentos, yo lo aprendí de mi padre y él del suyo. Mi padre estudiaba violín y un día se rompió el instrumento y mi abuelo decidió llevarlo a reparar. El luthier le dijo que no valía la pena porque no era un buen violín y sería costoso el arreglo. Mi abuelo que era mecánico ajustador resolvió asesorarse y lo arregló. Lo llevó a un experto que se admiró de la reparación hecha. Este fue el primer estímulo. Y al ser mi papá violinista resolvió intentar hacer un instrumento. Buscando cualidades de sonido que le interesaran y sonara de acuerdo a sus intereses. Así se incrementó la formación y un buen día estaban fabricándolos. Mi abuelo no había hecho nunca nada de eso ni se le había pasado por la cabeza, hasta que dio ese hecho fortuito de la rotura del violín de mi papá.
R.D.- Además, como otro factor necesario, te tiene que gustar mucho la música.
D.A.K.- Sí. Desde ya. Así como los luthier tenemos como instrumentos para hacer un violín, una viola, la gubia, un formón, para hacer música el instrumento es ese violín o esa viola. O sea, la prolongación de la mano para poder expresarse musicalmente.
R.D.- ¿Dónde se enseña ese oficio?
D.A.K.- En mi caso fue generacional. Y mucha experiencia práctica. Además, se necesitan conocimientos de acústica, de matemática. La escuela mayor es la de Cremona en Italia. En la Argentina hay luthier que forman a otros. Además, en 1900, aproximadamente, vinieron luthiers italianos muy buenos que enseñaron. Y la única escuela de luthería está en la provincia de Tucumán. Fue fundada por un italiano del Lungo.
R.D.- ¿Hay muchos luthiers en la Argentina?
D.A.K.- Pienso que debe haber alrededor de 50 o un poco más. Entre los de cuerda y viento.
R.D.- ¿A qué edad se te ocurrió emprender el trabajo de tu familia?
D.A.K.- A partir de lo que hizo mi abuelo mi papá que fue violinista en el Teatro Colón, se entusiasmó mucho con lo que hacía su padre y se puso a arreglar y construir instrumentos. Lo mismo me pasó a mí, que si bien, estudié violín de chico, mi pasión fue la guitarra. Empecé con folklore, me pasé al rock, luego al jazz; fui fanático de los Beatles. Hoy me gusta la música flamenca. Paco de Lucía y mucho la música clásica, el virtuosismo de Paganini, Bach, que son mis preferidos, después hay muchos compositores que han hecho conciertos extraordinarios para violín, viola, chelo. La música cuando está bien hecha me gusta toda.
C.O.- ¿Cuándo estás construyendo los instrumentos, escuchás música?
D.A.K.- Sí. Y a veces quiero estar en silencio.
C.O.- Danos los nombres de tu abuelo y tu padre.
D.A.K.- Mi abuelo era Janes Vitalis Karinkanta, él era finlandés. Vino a los 8 años. Pasó primero por Brasil y luego se vino con su familia a la Argentina. Mi padre nació acá y tiene un nombre sueco Arne Ángel Karikanta.

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C.O.- ¿Y los hijos?
D.A.K.- A mis hijos les pasó lo mismo que a mi padre y a mí. Ellos tuvieron la experiencia de corretear en el taller y vieron algunos Stradivarius que es como ver por la calle una Ferrari, distinta a cualquier otro auto. A ellos les llamó la atención estos instrumentos distintos a todos. Y eso estimuló mucho al mayor, Martín a los 11 ú 12 años, ya tiene 27; y posteriormente a Pablo. Y tengo una hija mayor que ellos, Brenda, que es la que me ayuda a encordar los arcos. El arco es el que le saca el sonido al violín y periódicamente hay que cambiarle la cerda, que es de cola de caballo y se le agrega un poco de resina.
R.D.- Es la primera vez que tenemos un luthier. Conocer a uno es difícil. Traerlo a la radio es aún más difícil.
C.O.- Son peculiares. Son figurita difícil. Él es muy accesible muy agradable. Hay que sacarlo de su atelier. Él tiene sus compromisos.
R.D.- En otra oportunidad iremos a tu atelier y haremos algo para la radio desde allí. Hasta escucharte en el violín.
D.A.K.- No, no estudié como para tocar obras. Lo mío es conocerlo para saber cómo suena, hacer pruebas, dobles cuerdas, llegar a posiciones hasta arriba. Pero no me dedico a estudiar obras porque lo mío fue la guitarra y me dedico mucho a ella. No toco obras, si bien le saco bastante buen sonido.
R.D.- ¿Restaurás también guitarras?
D.A.K.- Viendo a mi padre la cosa manual me atrajo, barnizar, agarrar el serrucho, cortar con la gubia, me fue entusiasmando todo eso. Primero hice algunas restauraciones, después conseguí comprar una Gibson Les Paul, igual tenía mi guitarra clásica. Y comencé a copiar guitarras de ese estilo, la caja, el mango, ponía accesorios originales. Eso fue lo que me entusiasmó para construir. Ahora estamos haciendo con mis hijos en el Atelier Karinkanta – atelier es el nombre que me puso un amigo que me da siempre una ayuda, me hace salir en revistas inglesas – estamos haciendo seis violas que tendrán ese nombre. Los hacemos entre los tres, cada uno hace una parte y se ensamblan bajo mi dirección. Allí hay que mirar bien como están afinadas las tablas, es decir, cada parte del violín: la tapa, el fondo, las alturas de bóveda. De este modo las podemos vender a precio un poco menor que si la hiciera un solo luthier pues lleva mucho tiempo más.
R.D. ¿Cuánto tardás en hacer un violín?
D.A.K.- En dos meses con inspiración, pero algunos me llevan seis meses. Y cuando hago copias como del Guarneri de Paganini, una vez terminada la copia de construcción con similares medidas, probado el sonido cuando el violín aún está en blanco pues le falta el barniz, hay que antiguarlo con los desgastes de uso, la suciedad de la resina, golpes, todo tal cual el original. Así como un pintor hace la reproducción de un cuadro, nosotros hacemos la reproducción de un violín antiguo. El barniz tiene aceites, trementina, una serie de elementos que no secan fácilmente. Eso retarda. Hay que hacer una parte dejarlo secar dos o tres meses, seguir con la otra para no tocar la hecha. Hay una serie de elementos que se usan para dar las pátinas y hacer las manchas. Lo que sí debemos respetar es la composición del barniz, no podemos usar barnices sintéticos. Eso puede llevar un par de años.
C.O.- ¿Cómo conseguís esos elementos?
D.A.K.- Muchas cosas son importadas. Hay resinas que son de la India. Lo mismo que las maderas. Aquí en la Argentina no hay maderas para construir un violín igual que lo que hizo Stradivarius.
C.O.- ¿Qué maderas son esas?
D.A.K.- El arce que es de los Balcanes, de Italia, de Alemania de Checoslovaquia, de estos lugares son las mejores maderas de arce, que se usa para hacer el fondo, los costados, todo lo que es la cabeza. Solamente de pino armónico, como lo llamamos nosotros, que es un pino abeto, se hace la tapa. Igual que la guitarra. Después usamos ébano de la India para el diapasón, para las clavijas y el cordal, que es de donde se toman las cuerdas, que antes eran de ébano, ahora estamos usando maderas más livianas por cuestión de sonoridad. Además, queda lindo pues el tono es un marrón muy clarito, de todos modos hay que teñirlo pues la madera es muy clara y hay que darle un tinte marrón semejante al violín, pero queda muy acorde. Queda bien.
C.O.- Parece que el hombre sabe de lo suyo. Qué hermoso meterse en estos detalles que uno ni siquiera imagina. Es algo mágico que está en tus manos con los conocimientos adecuados. Hermoso tu mundo. Además, cómo lo describís. Sos un apasionado.
R.D.- Continuamos con este luthier, orgullo nacional, de repercusión internacional. Actualmente ¿Qué estás desarrollando y qué proyectos tenés?
D.A.K.- En este tipo de instrumentos acústicos siempre hay algo por descubrir, entonces constantemente seguimos buscando algo más, sonidos más graves, más profundos, más potentes, que tengan calidad, que esté más metido en la caja del instrumento, pero que a la vez salga rápido, que sea un sonido que recorra todo el teatro, que pueda estar arriba de todos los sonidos que tiene una orquesta hoy para un concierto para violín y orquesta; con cien músicos atrás, de modo que se necesita un instrumento que pueda competir, aún con un Stradivarius. El proyecto es ese, siempre buscar y hacer instrumentos que suenen lo mejor posible. Hoy lo hacemos más largo, mañana más corto, más panzón, con distintas medidas. Seguir buscando. De otro modo ya me hubiera aburrido porque las distintas partes del violín en todos son las mismas. Trabajando de esta manera no es rutinario.
R.D.- ¿Hay un estilo violín Karinkanta?
D.A.K.- Hacemos lo que ya sabemos que es lo mejor. El violín de Stradivarius es superior al de Nicolo Amati. Stradivarius cambió una serie de cosas e hizo que el violín sea más potente, más natural. Nosotros estamos llevando a cabo en nuestros instrumentos la calidad de los Guarneri, Stradivarius, que es lo que quieren los luthiers y los violinistas.
C.O.- Agradecemos la deferencia de haber estado esta noche con nosotros.
D.A.K.- Gracias a ustedes.
R.D.- Lo importante es que te hayas sentido cómodo y te agradecemos por haberte expresado como lo hiciste y por todo lo que nos enseñaste.

Daniel Alberto Karinkanta con el maestro del violín don Luis Vidal (sentado), el cantante melódico Claudio Vidal (en el centro) y Yamil Cohelo

Entrevista: Cristina Oller y Ricardo Debeljuh

APÉNDICE
La precedente entrevista que se hizo en el programa radial “Retratos en la ciudad” sobre una figura única en el cúmulo de actividades culturales y vinculadas con la cultura que dio y da constantemente Quilmes y su región de influencia, en este caso está sustentada por una dinastía que es Escuela. Volver a ella, que fue publicada en la revista-suplemento que publicó el multimedio “El Sol” para el Día de la Industria en 1985 – recién nacida la democracia – es completar la figura de Daniel Alberto Karinkanta, adentrar al seguidor de EL QUILMERO en el mundo de la música de cámara o de fuentes clásticas y presentar otro modelo humano positivo de los que tanto necesita la sociedad actual donde la superficialidad, el facilismo y la queja irreflexiva y vana lo invade todo como una lapa pegajosa y sucia.

LOS KARINKANTA, UNA DINASTÍA HACEDORES DE VIOLINES
El Sol, 1985
Nacido, en Pajala, Finlandia en 1901, Hannes Karinkanta llegó a Argentina en 1909. Aquí creció y formó su familia. Siendo pequeño su hijo Arne, debía tocar con un violín, un doble en una iglesia. Accidentalmente, se rompió el mango, entonces, Hannes lo compuso. Notaron que ahora sonaba mejor. Llegó a la profesión de manera autodidáctica.
Su hijo Arne, vecino de Bernal, fue durante más de veinte años violinista en el Teatro Colón de Buenos Aires y mucho tiempo en el Teatro Argentino de La Plata. Ayudando a su padre, la magia de hacer violines, lo integró al igual que aquel al mundo fantástico de la luthería.
Más de cuarenta violines salieron de sus diestras manos. De él recibió Rugiero Ricci el instrumento que llamaron “José Hernández” y luego otro, el “Martín Fierro”.
Su maestra América Montenegro, presintió su arte al regalarle un violín con sus iniciales y un sello de oro. Sus violines fueron probados por Yehudi Menuhin [1] por Zino Francescatti.[2]
TRES GENERACIONES
El heredero de ese don, fue Daniel Alberto. Sus instrumentos tuvieron destinos gloriosos: el virtuoso violinista polaco Vadim Brodsky, de la Orquesta Nacional; Leandro Kyrkiris, [3] solista del Colón; Szymsia Bajour, [4] También esas manos cargadas de tradición despertaron violas y cellos.
CÓMO SE CONSTRUYE UN VIOLÍN
Traídas de Alemania las maderas, se prueban con un martillito para pronosticar si sonoridad permitirá un violín brillante, barítono o pastoso. La madera debe tener alta frecuencia de rápida transmisión. El fondo, los costados y el mango, se realizan en arce y abeto, pino armónico, la tapa. Se necesita un estacionamiento previo de 15 a 20 años. Con una gubia se cava el fondo y con la espátula se desbasta la bóveda del futuro instrumento. Los costados se curvan al calor y se encolan en caliente. En todo esto debe haber precisión y seguridad no cabe esperar.
En el interior, la barra armónica va encolada y es la que gobierna la tercera y cuarta cuerdas. Luego de cerrado el vientre de las notas, se cola el mango. Se le da la debida inclinación y se le adiciona el diapasón que es de ébano dándole entonces, la última lijada.

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EL BARNIZADO
El proceso de barnizado debe ser de gran equilibrio, elástico, pues de otra manera se carga el sonido. Se orea y se lo pule. Luego se monta el instrumento: se coloca el “alma”, de pino armónico. Es un cilindrito vertical del grosor de un lápiz colocado detrás del puente, que será de madera de pino. Las cuerdas eran antes de tripa y aluminio. Actualmente son sintéticas compuestas de filamentos múltiples y diminutos. La cuarta sol, es de plata. Se labran primorosamente las clavijas, y Daniel Alberto Karinkanta lo sabe hacer en corona o tulipán – “Mi hijo es la prolongación de mi mano”, dijo una vez su padre, Arno – y finalmente, nace al arco. Es de madera pernambuco del Brasil. El talón de ébano con aplicaciones de marfil, carey o nácar. El encerado, es de hebras de cola de caballo blanco. Daniel es un excelente encerador. El entorchado, es de plata con remate en fino cuero de lagarto, donde se apoya el dedo del ejecutante. Lleva poco más de tres meses para hacer un violín. Un cello lleva madera con la que se pueden hacer cuatro violines.
Cuidar un violín también requiere su técnica. Debe estar envuelto en seda, en un estuche, en un lugar oscuro y seco. Se limpia solamente con una tela de algodón.
OFICIO-ARTE
Todo depende de si es tan sólo luthier o músico-luthier. Ambas cosas se dan en Daniel Alberto Karinkanta. La luthería es un oficio apasionante, pero mucho más si es músico ejecutante a la vez. “entonces se es padre verdadero, porque se le da la vida y se le enseña a hablar”. El Sol, Día de la Industria, 1985

HOY
Daniel Alberto Karinkanta supo prolongar esta dinastía de luthiers en sus hijos, seguidores del privilegiado don de dar instrumentos a la magia de la música y uno de sus momentos de regocijo es acompañar en las presentaciones del cantante melódico Claudio Vidal que realizó varias presentaciones en el Teatro Roma de Avellaneda, en Quilmes y en otros rincones del país.

REFERENCIAS
[1] Lord Menuhin of Stoke d’Abernon, nacido el 22 de abril de 1916 en Nueva York y falelcido el 12 de marzo de 1999 en Berlín. Violinista y director de orquesta de origen ruso-judío y de doble nacionalidad, estadounidense y británico. Presidió el Consejo internacional de música en la UNESCO desde 1969 hasta 197. Fue activo defensor de causas humanitarias.
[2] Zino Francescatti, nació el 9 de agosto de 1902 y falleció el 17 de setiembre de 1991. Violinista francés, nacido en Marsella, de padre violinista. Estudió con Camilo Sivori, discípulo de Paganini. Empezó a tocar a la edad de cinco años y debutó en público con el Concierto de violín de Beethoven a los diez años.
[3] Leandro Kyrkiris estudió en Argentina con los maestros André Mouroux, Wladimir Glagol y Nicolás Finoli. En 1999 viajó a Inglaterra para continuar sus estudios con el maestro Eduardo Vasallo. Integró como solista por concurso la Orquesta Académica del Teatro Colón. Actualmente es miembro de la Orquesta de Cámara del Congreso Nacional.
[4] Szymsia Bajour, nació el 4 de abril de 1928 en Polonia y falleció en Buenos Aires el 8 de febrero de 2005. Violinista polaco-argentino de destacada trayectoria en la música clásica y popular en repertorio de tango donde se lo conoció como Simón Bajour.

Desgrabación y compaginación Chalo Agnelli

Director de EL QUILMERO

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